Ayer llegué del trabajo a las 12 00 de la noche e hice lo clásico antes de acostarme, mirar unos capítulos de una serie y leer el correo. En teoria tenía que empezar hoy a trabajar a las 2 30 de la tarte, y cuán fue mis disgusto cuando me despierto, miro el reloj y veo que son más de las 5!!!! Maldiciendo todo, me levato de un salto y empiezo a preparme para trabajar, mientras lo hago a toda prisa, voy dándole puñetazos a la pared y a la alarma por no sonar, hablando con ella e insultándola, diciendo que se trata del trabajo, del sustento, ¡¡que no podía fallarme así!!
Una de las cosas que están más mal vistas en el trabajo, lógicamente, es no aparecer o hacerlo a la mitad de tu jornada, y yo, con mi plan de ser supervisor esto me era especialmente dañino. Además mi expediente es bastante bueno y quiero que siga así, jamás he faltado por enfermedad y sólo he llegado tarde una vez con 17 minutos. Las cosas que pensé nada más levantarme fueron en las consecuencias de aparecer a esta hora, imaginandome qué excusa diría y cómo la diría o si debería llamar al trabajo para amortiguar el golpe...
Ya preparado, bajé las escaleras y me dirijí hacia la entrada y sin recorrer la mitad del camino me doy cuenta de una cosa, mi pobre despertador mostraba las 5... las 5... ¡pero mi reloj es de 24 horas! ¡¡¡¡Eran las 5 de la madrugada!!!!
¡Ah! ¡dichosa Inglaterra, juegas conmigo!
Este país está tan al norte que a esta época del año apenas hay noche, ¡eran las 5 de la mañana y era tan de día como las 5 de la tarde!


